“No fue un milagro. Lo buscamos mucho y jamás bajamos los brazos”

La historia de Jimena y Fernán es capaz de ablandar al corazón más resistente. Y pueden contarla gracias a Lisette, Lucas y Coqui, una familia que les entregó su corazón y su vida para que, a través de la Gestación por Sustitución, cumplan el sueño de ser los papás de Isabella. ¡A llorar con esta historia!, porque las batallas más hermosas del mundo se celebran con mares de lágrimas.

En diez años, Jimena y Fernán vivieron mucho, demasiado para dos cuerpos que, cuando empezaron a transitar la vida juntos, solo pretendían disfrutarse y, algún día, agrandar su familia con la llegada de los hijos.

“Algún día”. Es una expresión tan simple como cotidiana, pero para ellos se transformó en la batalla más difícil que debieron librar y que terminaron ganando como jamás lo imaginaron, luego de resignar decenas de alternativas y derribar muchos prejuicios.

La primera alerta

Esta pareja se conoce desde siempre. Ella psicóloga y él ingeniero mecánico pero dedicado al trabajo agropecuario, compartieron el mismo grupo de amigos, hasta que, unos años antes de cumplir los 30, pasaron de la amistad al noviazgo, y poco después se fueron a vivir juntos, en Hernando, la ciudad donde nacieron y crecieron.

Jimena había sido operada de quistes de ovarios y apenas iniciada la convivencia, a causa de una torción de ovario, fue sometida a una nueva cirugía. Ese día su médico le informó que padecía una endometriosis avanzada. “Si desean ser papás, empiecen a pensarlo, porque el grado de esta endometriosis puede estar complicando la fertilidad”, les dijo a ambos.

Fue un primer campanazo, una alerta que los sacudió, pero no los paralizó. “Inmediatamente arrancamos a buscar. Si el embarazo no llegaba antes del año, debíamos consultar con un especialista en fertilidad”, cuenta Jimena.

Ese año fue muy especial para esta pareja. Mientras buscaban el embarazo, ella se sometió a varios estudios, mientras que Fernán recibió la noticia que esperaba desde hacía mucho tiempo: había aparecido el riñón que salvaría su vida. “Hacía tres años y medio que me sometía a diálisis a causa de una poliquistosis renal, tiempo durante el cual esperaba que llegara un riñón para trasplantarme. Ese riñón llegó un día a la medianoche, y quince horas después me encontraba en una sala de cirugía recibiendo ese órgano nuevo y sano, gracias a un acto de amor y entrega que no tiene nombre, el primero que nos cambió la vida”, cuenta Fernán.

Durante las semanas y los meses que siguieron al trasplante los chicos hicieron un “stop” en los planes de embarazo para dedicar su energía a la recuperación de Fernán. Cuando su vida volvió a la normalidad, retomaron la búsqueda, pero como ese ansiado embarazo no llegaba, empezaron un tratamiento de fertilización in Vitro en otro centro. Hicieron tres intentos y lograron un embarazo en el segundo, pero se detuvo entre las semanas cinco y seis.

“Siempre necesitamos un Plan B”

“Después del tercer intento, con la necesidad de renovar la esperanza, decidimos cambiar de centro y llegamos a Nascentis, al Dr. César Sánchez Sarmiento, porque nos lo recomendaron y porque lo escuchábamos siempre en la radio”, cuenta Jimena.

En Nascentis los chicos hicieron “millones de estudios”, como ellos mismos describen, y siete tratamientos más. Se embarazaron dos veces, pero volvieron a perderlos en las mismas semanas que el primer embarazo, siempre a causa de la endometriosis.

Pero no solo fueron estudios y tratamientos. Fueron años, caídas y levantadas, ánimos que se despedazaban con cada NO. Y también fue mucha, muchísima e insistente esperanza. “Fuimos al trote, pasó bastante tiempo, pero nunca nos tomamos un tiempo, solo el que necesitábamos desde lo físico, quizás no tanto en lo emocional, porque necesitábamos seguir. Con cada nueva propuesta renovábamos la esperanza”, cuenta Jimena.

Antes de llegar al último tratamiento, y sabiendo que era muy difícil lograr el SI, los chicos, junto con el doctor, habían decidido que, fuese cual fuese el resultado, no habría más intentos, porque ya no había nada por hacer. La situación de Jimena era un camino sin retorno.

Como antes de iniciar un nuevo tratamiento necesitaban tener un “Plan B”, habían empezado a barajar nuevas alternativas. “Primero nos informamos sobre la adopción, pero veníamos de muchos años de ansiedades y frustraciones, y sabíamos lo complejo que es adoptar desde la espera, entonces concluimos que no estábamos emocionalmente listos para eso. Así fue como empezamos a averiguar sobre Gestación por Sustitución, primero en Estados Unidos y después en Ucrania.Hasta que Cesar nos contó que podía hacerse en Argentina y nos sugirió hablar con un abogado. Estábamos muy descreídos, pero fuimos a verlo, y salimos de esa reunión muy ilusionados y decididos a emprender ese camino”, cuentan Jime y Fernán.

El séptimo tratamiento en Nascentis y el décimo para los chicos también fue negativo (el embarazo se concretó, pero luego de algunos días de reposo finalmente se perdió). Sin embargo la Gestación por Sustitución ya era su “Plan B”.

Una vez que iniciaron ese procedimiento y se empezó a armar el expediente judicial, la endometriosis de Jimena se complicó y generó dificultades en otros órganos. “El día que el abogado presentó nuestro expediente en Tribunales, me hicieron la histerectomía para quitarme el útero y parte de mi intestino. Ese día se fue para siempre la posibilidad gestar, pero se abrió una nueva puerta, y nos permitió procesar este duelo con más fuerzas”, recuerda entre lágrimas Jimena.

Y agrega: “No queríamos tomar una decisión egoísta solo por querer ser papás. Fue una decisión muy pensada y estudiada. Nos asesoramos mucho desde lo legal, lo médico y lo psicológico. Siempre supimos que, si llegábamos a lograrlo, nuestro hijo o hija iba a conocer cada detalle. Por eso desde el primer paso que dimos escribimos un diario contándole todo”.

Tomar la línea recta

En este momento de la historia toman protagonismo Lisette, Lucas y Coqui, que llegaron a la vida de Jimena y Fernán mucho tiempo antes, sin pensar al conocerse, que formarían un equipo inquebrantable, que finalmente los conduciría a la meta. Juntos transitaron una etapa nueva, sorprendente, un poco complicada, pero muy hermosa.

Lisette fue la gestante de Jimena y Fernán. Lucas, su marido, y Coqui, su hija, fueron sus principales pilares, los que aceptaron su decisión y la acompañaron con la certeza de que la vida es eso: entrega y mucho amor. Lisette decidió gestar para ellos porque ya había pasado por la fertilidad asistida para concebir a Coqui y sabía cuánto duele la infertilidad. “Quería ayudar a que otros lograran lo que nosotros logramos después de mucha espera, y se me ocurrió hacerlo prestando mi panza. Elegí hacerlo con Jime y Fernán, a quienes conocíamos a través de nuestro camino por la fertilidad asistida”, cuenta esta bella mujer de 26 años.

Así fue como luego de la aprobación judicial, llegó el tratamiento y dos semanas después el positivo. Ese día el equipo pasó a ser de seis integrantes, porque Isabella estaba en camino y ella también haría su parte, creciendo en el útero de Lisette para, meses después, encontrarse con sus papás.

“Este camino es una montaña rusa emocional. Al principio sentí culpa, porque al problema lo tenía yo. Con el tiempo lo trabajé y superé, entendí que es algo que no elegí. También se siente mucha angustia, hasta que aceptás y empezás el camino que te indican. Entonces aparece la ilusión, que se desmorona con los negativos. Y ahí vuelve la angustia, la desesperación, la ansiedad. Elaborás el duelo y volvés a empezar, pero culmina en el mismo punto, entonces se hace un círculo que empieza y termina igual. Hasta que un día salís del círculo y seguís por la línea recta, y entonces sentís que todo valió la pena. Si llegamos hasta acá es porque tuvimos que atravesar todo lo que atravesamos, y que fuera Isabella quien debía llegar a nuestras vidas”, asegura Jimena.

Ganarle al miedo y sentirla real

Jimena y Fernán cuentan que elembarazo fue hermoso y lo vivieron muy unidos con Lisette, Lucas y Coqui. “Nuestro vínculo era, es y será hermoso. Íbamos juntos a los controles y estudios. Los chicos nos enviaban fotos y videos casi todos los días para que pudiéramos ver el crecimiento de la panza.  Todo esto ocurrió durante el momento más difícil de la pandemia, así que debimos extremar los cuidados”, dicen los chicos.

Y agregan que, así como vivieron juntos lo bueno, también sufrieron con lo malo. Y lo malo tiene un nombre: “miedo”, que Jimena describe de manera contundente: “Al principio fue el miedo de que el embrión no prendiera, después miedo de que no prosperara, miedo de que se complicara, miedo a todo. Nos costó mucho sentir que era real, defensivamente no podíamos asimilarlo, no podíamos disfrutarlo, estábamos siempre con el freno de mano. Lucas y Lis nos decían que aceleráramos, que nuestra hija era una realidad y la disfrutáramos, pero nos costaba mucho”.

Hasta que el miedo se hizo fuerte cuando, a las 32 semanas de gestación, surgió un problema con el embarazo e Isabella debió, por indicación médica, nacer de manera prematura. “No fue el nacimiento que soñamos, pero tuvo que ser así: de urgencia y en pandemia. Lis en sala de parto, yo en sala de recepción de Isabella, Lucas en la habitación aguardando a que llevaran a Lis, Fer en la vereda de la clínica, y Coqui con su abuela en casa. Sin embargo, no hay palabras para describir el instante en que la vi. Los médicos me dijeron que le hiciera una videollamada a Fer. En ese momento dijimos: `Llegó, es una realidad´, y la emoción que sentimos fue enorme”. Un ratito más tarde permitieron que Fer la conociera personalmente: fue corriendo, mientras la trasladaban en incubadora a la Neonatología”, recuerda, y llora, Jimena.

La segunda emoción llegó una semana después, cuando después de pasar unos días en Neonatología con respirador, Isabella fue extubada y sus papás pudieron tenerla en brazos. “No le podemos poner palabras. Todo lo que vivimos en diez años se redujo a ese momento, en que por fin llegamos a la meta”.

Gracias a ellos

Para Lis, para Lucas y para Coqui tampoco tenemos las palabras justas.El agradecimiento es infinito. Isabella está con nosotros gracias a ellos, porque ellos nos regalaron esta posibilidad. Dieron su vida por nosotros, con ellos logramos el mejor equipo que podríamos haber construido. Jamás olvidaremos lo que hicieron por nosotros. Nuestro amor y nuestro agradecimiento no tiene límites”, sostienen Jime y Fernán, y no quieren olvidarse de aquellas otras personas que, sin rostro, también los ayudaron a llegar hasta acá: “No podemos no creer en la solidaridad. Si hoy Fer es el papá de Isa es porque una familia tomó una decisión en un momento muy complicado. Gran parte de lo que logramos en la vida fue por la generosidad de otros”, recalcan.

Y también agradecen especialmente a todo el equipo de Nascentis: “A Silvi, a Ceci, a todos. Y párrafo aparte para Cesar. Sin él jamás hubiésemos llegado hasta acá. Su acompañamiento, su contención y su formación constante nos dieron seguridad. Él nos levantó de cada caída, aparecía de la nada, cuando estábamos tirados en el piso, sin ver esperanzas. Un día nos mandó un mensaje que decía: `No sé cómo, pero lo van a lograr, ustedes van a tener un hijo`. Y así seguimos y seguimos hasta encontrarnos con Isabella”, relatan.

Y cierran esta historia con una experiencia con la que muchos se sentirán identificados: “El otro día paseábamos por el shopping con Isa en el coche y nos acordábamos de todo lo que sufrimos cuando años antes estábamos en el mismo lugar, solos, y veíamos otros coches y panzas por todos lados. No fue un milagro, lo buscamos mucho, hicimos todo, nunca bajamos los brazos, tuvimos ganas de patear el tablero muchas veces, pero el deseo siempre pudo más”.

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